El hospicio de Barcelona y la Reales Casas de Galera y Corrección

la caridad de Murillo

la caridad de Murillo

Lo siguiente que me atrajo fue el hospicio, una institución donde se da trabajo a los pobres. Fue fundado en el año 1582, en una época en la que todos los gobiernos de Europa empezaban a ocuparse seriamente de la situación de los desheredados. Tiene agregado el hospital de misericordia, el cual fue encomendado en 1699 al cuidado de unas monjas franciscanas llamadas monjas terciarias de San Francisco. Todo el edificio fue reformado en 1772. Este establecimiento atiende a niños cuyos padres tienen que cargar con una prole numerosa, a mendigos y a otros seres desgraciados. En 1784 asistía 1.466 indigentes; en 1785, a 1383 y en 1786, año en el que lo visité, a mil cuatrocientos sesenta, lo que nos da una media de 1.436. De éstos, unos mil están capacitados para trabajar, trescientos son deficientes mentales, y el resto niños. Su presupuesto anual asciende a unas cuarenta y ocho mil doscientas libras catalanas, alrededor de cinco mil ciento sesenta y cuatro libras esterlinas.

El rey asigna a cada indigente catorce maravedíes diarios, más o menos un penique, en concepto de ración de pan. La contribución voluntaria llega a unas quince mil libras catalanas, y lo que falta lo aporta el obispo. Las mujeres Y los niños se dedican a tejer, hilar y hacer cintas. Los hombres cardan, peinan, hilan y tren Un algodón, lino y lana. El producto de este trabajo es bastante escaso, pues apenas llega a una media de penique y medio por persona y día; y hay que tener en cuenta además un dato que nunca se puede olvidar al hablar de España, y es que sólo hay trescientos días laborables, y únicamente mil pobres aptos para trabajar. Aun así, esta producción es proporcionalmente mayor que la de instituciones similares de Inglaterra. A pesar de que ningún asilado podría estar mejor vestido, alimentado, atendido o alojado, y de que nadie les tratará con mayor ternura cuando caigan enfermos, no olvidan fácilmente su falta de libertad. Así, desprecian todas estas comodidades cuando las comparan con la libertad perdida; y si se les permitiera mendigar de puerta en puerta, muy pocos, además de los demasiado decrépitos, permanecerían dentro de esas paredes. Esta prohibición es, sin embargo, muy beneficiosa, pues la mayoría de los jóvenes de Barcelona, cualquiera que sea su capacidad y energía, se unen en agrupaciones de ayuda recíproca, de la misma manera y casi con los mismos métodos que adoptan nuestras sociedades de amistad en Inglaterra. Cada una de estas fraternidades posee un nombre, que corresponde al del santo a cuya protección se han encomendado. Sus fundamentos son muy respetables, y con su perfecta organización impiden que nadie, excepto los más descuidados e inútiles, caiga en la vergüenza de ser incluido entre los tontos y los locos. Aquellos que aunque están capacitados para trabajar prefieren una vida de ocio y vicio quedan en manos de la ley.

No podemos omitir una alusión al admirable reformatorio. Tiene dos funciones: se ocupa, por una parte, de la reforma de prostitutas y ladronas y, por otra, de la corrección de mujeres que no cumplen con sus obligaciones para con sus maridos o que han abandonado o deshonrado a sus familias. Atendiendo a esto, el edificio que lo alberga ha sido dividido en dos sectores sin comunicación entre sí: las llamadas Real Casa de Galera y Real Casa de Corrección. A cada uno de ellos el rey asigna siete dineros para comprar dieciocho onzas de pan, y nueve, que es casi un penique, para carne. Esta institución se nutre de multas y de lo que produce el trabajo sin descanso que están obligadas a realizar las mujeres. De los alrededor de cinco chelines mensuales que éste proporciona, ellas se quedan con la mitad, mientras que la décima parte de lo que queda pasa al alcayde o gobernador, quien ve así estimulado su celo para con sus obligaciones. Estas mujeres, que trabajan de sol a sol, ganarían mucho más si la gran cantidad de días festivos que hay no lo impidiera. A las que merecen una corrección más severa que la que sus maridos, padres u otros parientes pueden administrar se las confina, por orden de los magistrados y durante un tiempo proporcional a la gravedad de sus faltas, en esta mansión real o Casa Real de Corrección. El pariente que ha solicitado el arresto paga tres sueldos diarios, cuatro peniques y medio, para su manutención; y han de conformarse con una cantidad tan exigua. El producto de su trabajo, que aquí es obligatorio, no lo reciben hasta el momento en que expira su reclusión. Aunque la totalidad del edificio tiene capacidad para alojar a quinientas mujeres, actualmente sólo lo ocupan ciento trece. Entre ellas las hay de elevada clase social, cuya ausencia del hogar se justifica diciendo que han ido a visitar a algunos amigos que viven lejos. Los castigos corporales se suministran cuando se creen necesarios para su corrección. Este establecimiento se encuentra bajo la dirección y administración del regente de la audiencia, que recibe la colaboración de los dos jueces penales mayores y del alcayde y sus colaboradores. Uno de los jueces me mostró todos los departamentos y me proporcionó toda la información. Entre otras cosas, me contó que en ese momento tenían ingresada a una señora muy distinguida, acusada de alcoholismo y de llevar una conducta desordenada.

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