Barcelona

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Una amplia y oreada avenida que rodea a las murallas, así como los jardines que se disponen en el interior de éstas, contribuyen a hacer de Barcelona una de las ciudades más hermosas del mundo. Nadie que la haya visitado en primavera podrá cansarse de hablar de sus atractivos.

Se encuentra asentada sobre un llano abierto hacia el Sureste y protegida en su parte occidental por el Montjuich Y por el Norte por una cadena de montañas que hacia el Oeste terminan en el monte de San Pedro Mártir. El suelo que tiene una profundidad que oscila entre los seis y los diez pies, está formado por arcilla.

Por este llano, junto a la ciudad, discurre un pequeño arroyo con el que se riega el campo durante el verano. Hacia el Oeste, al otro lado de Montjuich tiene su cauce el Llobregat, el río más largo de entre los que discurren entre el Ter, que pasa por Gerona, y el Segre, que desemboca en el Ebro después de nacer en los Pirineos.

Frente a la ciudad se alza la montaña de San Jerónimo, famosa por su convento y por sus espaciosos, sombríos y bien regados jardines. Desde esta elevación Montserrat, que parece estar a unas dos horas de camino a pie, nos brinda una vista magnífica, y en cualquier dirección que miremos el panorama es agradable y amplio. A los lados de esta montaña hay canteras de piedra caliza y de mármol.

Como lugar de residencia, Barcelona resulta no sólo delicioso, sino también saludable. Hay, sin embargo, algunos días en los que todos sus habitantes, y más especialmente los extranjeros, se sienten inclinados a considerarlo como un sitio insalubre y desagradable. Esto sucede cuando el viento del Este trae la niebla, que muchos días antes se puede ver acumulada mar adentro como si estuviera esperando una oportunidad para entrar en tierra. Los poros se cierran y el carácter se irrita tanto que incluso los mejores amigos deben andar, precaución en sus encuentros. Pero tan pronto como aparece la brisa del interior se levanta la niebla y sale el sol de entre las nubes, haciendo que toda, naturaleza sonría. Tanto en la Barceloneta como en la ciudadela, que alberga una guarnición de cinco mil quinientos hombres, las fiebres intermitentesdejan de atacar, y en invierno traen consigo la hidropesía y la ictericia, y en verano fiebres malignas. Las mismas enfermedades reinan más allá del Montjuich, en las tierras bajas que riega el Llobregat. Pero aunque a su paso el viento principal se carga de miasma, al ser desviado por esta alta montaña tiene ninguna influencia nociva sobre Barcelona.

Pocos lugares he abandonado con tanta pena; si no me hubiera marchado de Barcelona poco después, lo habría elegido como lugar de retiro en el que, con la ayuda de alguno de los padres, podría haber aprendido español.

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