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La danza de Anibal

enero 2, 2009
Los gallegos y asturianos conservan, entre muchas de sus danzas y tonadas aborígenes, una salvaje y pírrica cabriola, que bailan con palos en las manos, igual que los bailes célticos, y que es la mismísima danza guerrera que Aníbal ejecutó en los solemnes funerales de Graco. Los pasos de esta contradanza son intrincados y belicosos, y requieren, gallego_bailando_la_gallegada3como se decía de las representaciones ibéricas, mucha soltura de piernas, cosa en que los flacos, fibrosos y activos españoles son todavía notables. Estas son las danzas morris importadas de Galicia por nuestro John of  Gaunt, que las creía moriscas (moorish). Aun las bailan los aldeanos con sus trajes domingueros y al son de las castañuelas, la gaita y el pandero. Generalmente están dirigidos por un maestro de ceremonias, o lo que es equivalente, un bufón vestido de colores, Μωρος, que puede ser la etimología de la palabra morris.
Estas comparsas de campesinos fueron las que se pagaron en Vitoria para que diesen la bienvenida a los hijos de Luis Felipe; son las mismas que a menudo hemos nosotros presenciado gratis y formadas por ocho hombres que tocaban las castañuelas al compás de un pífano y un tamboril, mientras que un bastonero, o director de la banda, vestido de colores charros, como un arlequín, dirigía la rústica danza; alrededor se agrupaban payesas y aldeanas vestidas con ajustados corpiños, pañuelos en la cabeza, el cabello colgando en trenzas y el cuello cubierto con cuentas azules y de coral; los hombres llevaban recogidos los largos rizos con pañuelos encarnados y bailaban en camisa, con las mangas arremangadas y sujetas con cintas de colores, que cruzaban por el pecho y la espalda, mezcladas con escapularios y pequeñas estampas de santos; llevaban calzones blancos, anchos como las bragas de los valencianos, y como éstos, iban calzados con alpargatas o sandalias de cáñamo sujetas a la pierna con cintas azules; las figuras de la danza eran muy intrincadas y consisten en círculos, vueltas y saltos, y a cada cambio se acompañan con gritos de ¡viva! Estas comparsas son indudablemente una reminiscencia de los originales espectáculos iberos, en los cuales, como en los espartanos y en los de los indios salvajes, siempre se conserva, aun en los recreos, el principio guerrero.
Los bailarines llevaban el compás chocando las espadas con los escudos; y cuando uno de los campeones quería mostrar su menosprecio hacia los romanos, ejecutaba ante ellos una irrisoria pirueta. ¿Se acordaron de esto en el baile de que hablamos en Vitoria?
Pero en España a cada momento se encuentra uno transportado a la antigüedad, y así tenemos que en las mismas orillas del Betis se ven aún aquellas bailarinas de la libertina Gades, que se exportaban a la antigua Roma, con el atún en escabeche, para delicia de los malvados epicúreos y horror de los buenos padres de la Iglesia primitiva, que las comparaban, y quizá con justicia, con las cabriolas ejecutadas por la hija de Herodías. Sus danzas fueron prohibidas por Teodosio, porque según San Crisóstomo, en ellas nunca le faltaba al diablo una pareja. La conocida estatua del museo de Nápoles llamada la Venus Calípiga, es la representación de Telethusa o alguna otra danzarina de Cádiz.

(Richard Ford. Cosas de España. El pais de lo imprevisto. Gatherings from Spain)