Archive for the ‘España’ Category

el reino de España

enero 14, 2009

desayuno_de_la_bohemia_16 El reino de España, que aparece tan compacto en el mapa, se compone de varias regiones distintas, cada una de las cuales formó un reino independiente en tiempos pasados ; y a pesar de que ahora están unidas por matrimonios, herencias, conquistas y otras circunstancias, las diferencias originales, tanto geográficas como sociales, continúan sin alteración. La lengua, trajes, costumbres y carácter local de los habitantes son tan varios como el clima y las producciones del suelo. Las cadenas de montañas que atraviesan toda la Península y los profundos ríos que separan algunas partes de ella han contribuido durante muchos años, como si fuesen murallas y fosos, a cortar la comunicación y a fomentar la tendencia al aislamiento, tan común en los países montañosos, donde no abundan los buenos caminos y los puentes. Una circunstancia semejante hizo que el pueblo de la antigua Grecia se dividiese en pequeños principados, tribus y familias. Asimismo, en España, el hombre de una comarca, siguiendo el ejemplo de la naturaleza de que está rodeado, tiene poco de común con el de la comarca vecina; y estas diferencias se han aumentado y perpetuado por los antiguos celos y las inveteradas malquerencias que han persistido tenazmente en regiones pequeñas y contiguas.
El término general «España», conveniente para geógrafos y políticos, parece hecho para despistar al viajero, pues sería muy difícil afirmar una cosa por sencilla que fuese de España o los españoles que pudiera ser aplicable a todas sus heterogéneas partes. Las provincias del noroeste son más lluviosas que Devonshire, mientras que las llanuras del Centro son más secas que los desiertos de Arabia, y los litorales del Sur y Levante semejan totalmente a Argelia. El rudo agricultor gallego, el industrioso artista catalán, el alegre y voluptuoso andaluz, el taimado y vengativo valenciano, son tan esencialmente distintos entre sí (donde la unidad no es unión) como un conjunto. No hay rey de España: entre la infinidad de reinos que aparecen en las listas, el de «España» no figura: consta Rey de las Españas, Rex Hispaniarum, no Rey de España . Felipe II, llamado por sus contemporáneos el Prudente, deseando unir a sus heterogéneos súbditos, después de consolidar su dominio con la conquista de Portugal, trató de llamarse rey de España, como en realidad era; pero esta alteración no estuvo al alcance de su despotismo, por oponerse a ella resueltamente Aragón y Navarra, que nunca perdieron la esperanza de sacudir el yugo de Castilla y recobrar su antigua independencia, mientras que las provincias de la vieja y la nueva Castilla rehusaban comprometer en modo alguno su derecho de preeminencia. Estas provincias, antiguamente como ahora, tornaron la primacía en la nomenclatura: castellano es sinónimo de español y de la cepa más genuina. Castellano a las derechas significa ser español hasta la médula; hablar tiempo sin la ventaja de tiempo sin la ventaja de una metrópoli fija como Roma, París o Londres, que han sido capitales desde su fundación, y una metrópoli fija como Roma, París o Londres, que han sido capitales desde su fundación, y reconocidas y consideradas como tales.

(Richard Ford. Cosas de España. El pais de lo imprevisto. Gatherings from Spain)

regiones

enero 14, 2009
Los trece reinos tienen nombres grandes e históricos; son propios de un país viejo y monárquico, no de una flamante y vulgar democracia sin hechos de renombre. Llenan la boca al nombrarlos y sugieren mil reflexiones sobre los tiempos más gloriosos del poder floreciente de España , cuando eran gigantes en el mundo, no pigmeos con paletot de París, cuya única ambición es imitar al extranjero y rebajarse y desnacionalizarse a sí mismos. mercado_de_burgos_fondo
Primeramente y ante todo se presenta Andalucía , coronada con una cuádruple tiara, pues el nombre los cuatro reinos es sinónimo de ella. Son esos reinos los de Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada, nombres que por sí solos tienen un indecible encanto. En segundo lugar viene el reino de Murcia con sus minas de plata, sus palmeras y barrilla. Después aparece el gentil reino de Valencia , todo sonrisas, con sus frutas y su seda. El principado de Cataluña , serio y feroz, mira ceñudo a su encantador vecino. En él se levanta la humosa chimenea de la fábrica; aquí se teje el algodón; el vicio y el descontento tienen su cuna y se traman revoluciones. El orgulloso y testarudo reino de Aragón se extiende al oeste de este Lancashire de España , y al este del reino de Navarra , que se interna en los Pirineos con sus verdes valles. Las tres Provincias Vascongadas , que también limitan con él, son llamadas solamente El Señorío, pues el rey de las Españas es sólo señor de esta libre cuna de los invencibles descendientes de los primeros habitantes de la Península. Aquí se habla mucho de bueyes y de fueros o privilegios, pues las gentes de esta región, cuando no se ocupan en labrar la tierra, por el mero hecho de haber nacido allí, son partidarios de la lucha y de defender sus derechos espada en mano. Castilla adorna con dos coronas las sienes reales, a saber: la de la Vieja, donde nació la monarquía, y la de la Nueva, conquistada después a los moros. La parte novena es la desolada Extremadura , que sólo tiene el título de provincia y está poblada de langosta, ganados trashumantes, cerdos, y aquí y acullá algún bípedo humano. León , reino muy honrado en otro tiempo, se extiende más arriba, con sus llanuras de cereales y sus venerables ciudades, hoy silenciosas como tumbas, pero antaño teatro de la caballería medieval. El reino de Galicia y el principado de Asturias constituyen el litoral del oeste y forman el malecón de España contra el Atlántico.

(Richard Ford. Cosas de España. El pais de lo imprevisto. Gatherings from Spain)

provincias

enero 14, 2009
Para la división de la Península por las montañas, los ríos y el clima, puede, desde luego, sentarse un principio fijo, pues está basado en las leyes inmutables de la naturaleza. No así para la artificial y política en reinos y provincias, que es obra del capricho, con total ausencia de plan. calle_de_albacete_fondo
Estas divisiones provinciales se formaron por la unión gradual de comarcas pequeñas e independientes en otro tiempo, que forman el conjunto de España como los inconvenientes condados constituyen el reino de Inglaterra. Para contrarrestar los inconvenientes que resultan de este flujo y reflujo de las diferentes mareas que aquejan a los asuntos de los hombres y de estas fronteras no determinadas por el agrimensor armado de teodolito, el uso ha procurado algún remedio y la costumbre ha hecho a los habitantes determinar divisiones más lógicas que los nuevos arreglos, y que se apoyan en principios geográficos y estadísticos.
Los franceses, durante su gobierno intruso, se horrorizaban ante este «caos administrativo», esta aparente irregularidad, e introdujeron su sistema de departamentos , mediante el cual las regiones fueron encasilladas hábilmente y el país arreglado como si fuese un tablero de ajedrez y los españoles los peones , cosa que no es ciertamente este pueblo de los caballeros por excelencia , como ellos se titulan; ni tampoco en este paraíso de la iglesia militante se pueden calcular con visos de certeza los pasos de cada obispo o caballero, pues rara vez acostumbran a volver mañana por el camino que anduvieron ayer.
En consecuencia, y aparte lo especioso de la teoría, se vio que no era cosa fácil llevar a la práctica la idea de la división en departamentos: la individualidad se rió de la solemne falta de sentido de los pedantes intrusos que querían clasificar a los hombres como los helechos y los mariscos. El fracaso de esta tentativa de reformar antiguas demarcaciones y reunir poblaciones antitéticas, fue total y completo. Por lo tanto, apenas el duque hubo limpiado la Península de doctrinarios e invasores, ya el León de Castilla había sacudido sus papeles de sus melenas, y, al igual que los italianos, en quienes se hizo el mismo ensayo, vuelto a su antigua división, la cual, si bien defectuosa en teoría y fea y molesta en el mapa, es lo considerado más práctico por la costumbre. Recientemente , y a despecho de esta experiencia, una de las muchas innovaciones, reformas y molestias transpirenaicas, la Península se ha dividido nuevamente en cuarenta y nueve provincias, en vez de los antiguos trece reinos, principados y señoríos; pero ha de transcurrir mucho tiempo antes de que pueda borrarse el hábito de esta división, que nació con el desarrollo de la monarquía y está grabado en la memoria del pueblo.
Los aficionados a detalles estadísticos deben consultar las obras de Pérez Antillon y otros, considerados por los españoles como autoridades en estas dilatadas materias, más propias para ser tratadas en un anuario o un manual que para volúmenes como éste de lectura menos grave; y, seguramente, las páginas de los respetables españoles arriba nombrados son más pesadas que las carreteras de Castilla, donde no se encuentra un arroyuelo, el alegre compañero que refresca el polvoriento camino, ni se ve una flor por casualidad, ni se oye el canto de un pájaro: « secas como las migajas de las galletas después del viaje ».

(Richard Ford. Cosas de España. El pais de lo imprevisto. Gatherings from Spain)

los encantos de España

enero 14, 2009
Los aficionados a lo romántico, lo poético, lo sentimental, lo artístico, lo arcaico, lo clásico, en una palabra, a las líneas bellas y sublimes, encontrarán tanto en el pasado como en el presente de España bastantes asuntos al recorrer con lápiz y cuaderno esta nación singular suspendida entre Europa y África, entre la civilización y la barbarie; este país de los verdes valles y las montañas peladas, de las inmensas llanuras y las quebradas sierras; aquellos jardines paradisíacos llenos de vides, olivos, naranjos y áloes; aquellos vastos eriales, silenciosos, sin caminos, sin cultivos, herencia de la abeja silvestre; y al huir de la insulsa uniformidad, de la pulida monotonía de Europa, la aromática frescura de este original e inmutable país, donde la antigüedad le pisa los talones al presente, donde el paganismo le disputa el altar al cristianismo, donde los excesos y el lujo reinan junto a las privaciones y la pobreza, donde la negación de todo sentimiento generoso y humanitario va de la mano con las más heroicas virtudes, donde las violentas pasiones africanas conviven y emparejan con la más fría crueldad, y donde la ignorancia y la erudición se presentan en violento y notable contraste.
«Allí, dice la «Guía» en un estilo que cualifica a su autor para escribir en el álbum más elegante y mejor editado, puede el anticuario escudriñar los conmovedores monumentos de miles de años, los vestigios de las empresas fenicias, de la magnificencia romana, de la elegancia árabe, en aquel depósito de costumbres antiguas, en aquel almacén de todo lo olvidado y desvanecido; allí puede admirar los monumentos clásicos, casi sin paralelo en Grecia o Italia, y aquellos mágicos palacios de Aladino, creación de la fantasía y el esplendor árabes, privilegio exclusivo de España, con el que encanta al insulso europeo. Allí el sentimental puede espaciarse en la poesía de su decadencia, que desarma a la envidia y que, perdido su alto puesto, conserva la dignidad de un monarca destronado que, sin queja, sabe respetarse a sí mismo, último consuelo del noble innato que no le arrancará la suerte adversa; allí el artista puede extasiarse ante las obras maestras del arte ideal italiano de Rafael y Ticiano, que se esforzaron en decorar los palacios de Carlos, el gran emperador contemporáneo de León X; podrá admirar a las criaturas de Velázquez y de Murillo, cuyos cuadros sólo en España pueden verse realmente; allí podrá el artista dibujar la traza ceñuda de los castillos, la pompa y magnificencia de las catedrales, donde se adora a Dios de manera tan digna de su gloria como puedan alcanzar las artes y riquezas del hombre mortal; allí puede gozar de la melancolía de los claustros góticos, de los torreones feudales, del inmenso Escorial, del pétreo alcázar de la imperial Toledo, de las soleadas torres de la soberbia Sevilla, de las eternas nieves y de la deliciosa vega de Granada; allí el geólogo podrá trepar por montañas de mármol y por sierras preñadas de minerales; el botánico podrá elegir, en los invernaderos naturales, infinidad de plantas desconocidas, sin rival en color y con el aroma de la dulce melodía; allí todos, sabios e ignorantes, escucharán las típicas canciones, el rasgueo de la guitarra y el repiqueteo de las castañuelas, o contemplarán el alegre fandango o la emocionante corrida de toros; todos podrán alternar con el alegre, amable y sobrio campesino, libre, varonil e independiente, al mismo tiempo que cortés y respetuoso; todos podrán convivir con el noble, digno, altivo y pundonoroso español, y disfrutar de su amable y cortés vanidad, admirando a sus mujeres, de ojos negros, tan francas y naturales, a las que la voz de todos los tiempos y de todos los pueblos ha concedido la palma de los atractivos y a las que Venus ha donado su mágico cinturón de gracia y de hechizos; allí … pero bastante es lo dicho para emprender un viaje en el que, como Don Quijote dijo, «ocasión tendremos, hermano Sancho, de meter manos hasta los codos en verdaderas aventuras».

(Richard Ford. Cosas de España. El pais de lo imprevisto. Gatherings from Spain)